“Juliana; una historia ignorada de acoso callejero”

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“Juliana; una historia ignorada de acoso callejero”

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Esta es una historia de miedo, inseguridad e impunidad.

Por: Elena Citalli Llamas Máquez, Minerva Julieta Munguía Rodríguez y María Guadalupe Sastre Martha

Ante el Ministerio Público solo hay evidencia de denuncias presentadas por situaciones de abuso sexual, pero el acoso callejero mediante palabras, tacto físico, etc., aún es ignorado.

Según fuentes en el Ministerio Público, quienes por confidencialidad decidieron proteger su identidad, el principal motivo por el cual no se presentan denuncias ante esta situación es por falta de tiempo de parte de las víctimas, ya que es un trámite largo que dura aproximadamente 15 días.

Para levantar un acta por acoso callejero se requiere proceder con la denuncia que hace referencia al delito contra la dignidad de las personas, en donde se establece que se aplicará sanción de uno a tres años de prisión a quien atente contra la dignidad humana, anule o perjudique los derechos y libertades de las personas (agenda penal general, artículo 149 ter).

 “Cada vez que voy por las calles sola voy mirando por todos lados con miedo imaginando que estoy siendo perseguida, que me pasará algo; una violación, un toqueteo, privarme de la vida en cualquier momento para así llevarme a otro lugar en donde ya no volveré a ver el rostro de mis padres y hermanas”.

Juliana, nombre ficticio utilizado para proteger la identidad de la víctima, representa a miles de mujeres que día a día sufren de acoso callejero en México, en Jalisco y en Ciudad Guzmán. Esta es su historia.

 “Bastó una noche para dejar de sentirme segura en esta ciudad donde imaginaba que no pasaba, donde pensaba que nunca me pasaría a mí. Fue mi culpa que esto me pasara”.

Le rogaba a mi madre para que me diera permiso de salir con mis compañeros a nuestra posada. Con 17 años para mi madre era muy peligroso que saliera.

-Ándale mami un ratito, nunca me dejas salir. Me voy a cuidar mucho. No voy a tomar. Llegaré temprano. -Fue tanta mi insistencia que terminé por convencer a mi madre.

- Sí, ándale pues ve un ratito, antes de salir persígnate.

Disfruté la compañía de mis compañeros, una cerveza y fue lo único que bebí porque tenía en mente lo que le había prometido a mi mamá.

Ya era tarde 8:00 pm, tenía que apurarme o no me volverían a dar permiso de salir de nuevo. Tomé el camión, miraba a la gente que subía y que bajaba en cada destino.

Juliana pensaba: “Tengo que bajarme en el centro; está oscuro, pero voy tranquila. No comprendo porque no hay tanta gente transitando por el centro yo creo que está haciendo mucho frío. Olvidé mi suéter. Con mi blusa blanca con rayas negras, tirantes delgados, un poco corta, mi pantalón de mezclilla a la cadera; no me va a cubrir el frío que tengo”.

Tengo que apurarme ya es noche, ya casi llego. Estoy en la calle Gordoa, me quedan pocas cuadras para llegar a mi casa. ¿Quién me habla? tengo prisa. De reojo veo un carro blanco que se pone a un lado de la banqueta donde yo voy caminando.

-¿Disculpa, sabes cómo puedo llegar al centro?

Era un señor moreno, ojos oscuros, cejas pobladas, pantalón de mezclilla, camiseta oscura, se encontraba dentro del carro blanco. Una lámpara debajo de su carro me permitió ver su rostro.

 -Sí, yo sé cómo puede llegar al centro.- Pensé ¿Quién sería tan tonto para no saber dónde está el centro?

 Dejé de caminar para poderle explicar.

 -Se va derecho y gira a la izquierda.

- No te entiendo.

-Sí, mire se va derecho y gira a la izquierda, de ahí da la vuelta en la primera esquina y gira a la izquierda de nuevo, y ya se va todo derecho. Ahí está el centro.

 -No te entiendo, es que no te escucho bien, ven acércate más.

Me acerco para que me entienda, me bajo de la banqueta y me pongo a un lado de su carro a unos pocos centímetros de él. Le explico nuevamente.

 -Sí, se va todo derecho y gira a la izquierda está muy fácil.

 -No te entiendo.

 Me desespero. Me agarro el pelo de la desesperación.

- ¡Sabe que mejor se va derecho y ahí busca algún policía y le pregunta!

 “Que tonta, que inocente, que no me di cuenta lo que estaba por hacer”.

-Mira mija.

Con su mirada hacia abajo, volteó y tenía afuera su parte íntima. Se estaba masturbando. Me quedo callada. No sé qué pensar. Me siento bloqueada. Reacciono y le grito ¡Viejo sucio! Prende su carro y se va no muy rápido, lo que me ayudó a ver sus placas JCC36E.

 Tengo miedo. Suelto en llanto. Se empuñan mis manos. Estoy temblando. Creo que va a regresar. Tengo que apurarme. Ya no hay luz. Es un potrero en el que voy caminando sin dejar de llorar. No puedo tranquilizarme. Todo el camino voy pronunciando las placas sin parar. No hay gente transitando.

 ¡No vuelvo a salir sola!

Fue mi culpa por querer salir. Tengo miedo. Lo voy a ver de nuevo. Esta atrás de mí. Creo que me está esperando adelante.

Diosito cuídame que no lo vea de nuevo. Me escondo atrás de una camioneta. Miro que alguien está estacionado dos cuadras más delante de mí. ¡Sí, es él! No dejo de llorar. Entro en pánico, pero sin hacer ruido. No hay gente. No hay casas por ahí. Me tengo que esperar 5 minutos…10 minutos…11 minutos. ¡No sé! Sentí como si hubiesen sido horas las que estuve esperando para que se fuera.

Ya se fue. Tengo que caminar más rápido. Juliana no olvides las placas, no las olvides. Sigo pronunciando JCC36E. Gracias Dios, llegué a mi casa. Toqué la puerta. Volteé a todos lados, sentía que estaba ahí aún lado de mí. No podía dejar de pensar en lo que había ocurrido.

Mi hermana mayor abre la puerta.

 – ¿Qué tienes?, tranquila ¿¡qué tienes!? dime ¿¡qué pasó!?

No podía hablar, estaba bloqueada. Me abrazan mis hermanas y mi madre. Trato de respirar profundamente para poderles decir todo. Me calmo un poco y les digo lo que pasó.

Las autoridades ignoraron la denuncia… la historia se repite

Mi hermana le llama a una patrulla y llegan en 15 minutos.

Tenía mucho miedo, estaba temblando.

Tocan a la puerta y abro un poco la cortina. Eran dos policías. Con mucho miedo salgo a la puerta.

-Buenas noches ¿nos podrías decir que sucedió?

 Les digo todo llorando, les digo mis datos, las placas que nunca olvidaré y mi número de teléfono.

 – ¿Quieres levantar una demanda?

-Sí.

-Ahorita le daremos una vuelta por aquí a ver si lo vemos. Nosotros te vamos a llamar.

Me despido, me voy a mi cuarto, sigo llorando hasta quedar dormida.

Son las 7:00 am. Me tengo que ir a la escuela. Tengo miedo…mucho miedo. No puedo dejar de mirar a todos lados. Me puse mis audífonos para tranquilizarme.
Ya casi llego para tomar el camión. ¿Por qué no me di cuenta de nuevo? ¿por qué de nuevo a mí? Sentí cómo una mano tocó mis sentaderas, él se fue corriendo, traía una sudadera. Con sus manos sostenía el gorro de la sudadera, no pude ver su rostro.

Era flaco, de 1.70. No puedo creerlo, me quedo bloqueada. No voy a llorar, tengo que ir a la escuela, no voy a llorar. No pude aguantar, mis ojos se llenaron de lágrimas, ¿por qué a mí? no vuelvo a usar audífonos.

Dos días después tenía que ir a clases de baile, comenzaban a las 7:00 pm y terminaban a las 9:00. Salí de clases de baile muy apurada con una compañera, “¡ay Diosito otra vez!”, ahí estaba el carro estacionado en una esquina, mi compañera y yo pasamos junto a él.

-No voltees bebé, el señor se está masturbando.

 Lo miré de reojo cuando hacía eso. Me apuré. Tenía que llegar rápido a mi casa. Ya me había quedado sola, mi amiga ya había llegado a su domicilio. Por fin llegué a mi casa.

Al día siguiente tenía que ir de nuevo a baile a la misma hora. Esta vez iban a ir por mí. Es hora de salir y nadie llegó. Está bien no importa, yo sola me voy a defender. Llevaba conmigo un aerosol para el cabello, lo iba a utilizar como gas pimienta.

Salí rápido de clases de baile, estaban pasando varias patrullas a cuatro cuadras de donde me encontraba yo. ¡Ahí estaba!, se estacionó adelante. ¡No!, ¿Por qué a mí? Tengo miedo, no había gente para decirle lo que hacía ese señor y lo que estaba segura de que iba a hacer.

 Me esperé un momento a que hubiera gente. Pasó una señora acompañada de un señor y me puse junto a ellos. El señor del carro blanco, lo encendió y se fue.

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—-Foto Cristian Pinto—–

Tengo que correr, tengo que correr. Él me miró por la calle que subí. ¡Vamos, corre!, ¡corre!, ¡corre!. Toqué la puerta de la casa de mi novio, me abrieron y les platiqué lo que había pasado.

Me dijo mi suegra que a ella y a sus hijas les acababa de ocurrir lo mismo, todas las características eran las mismas.

Tenía que retirarme de su casa y mi novio me llevó, prendió la moto y en ese momento miré al señor, ¡sí!, era él.

-¡Vamos, síguelo!, ¡ándale!, si los policías no hicieron nada yo les voy a decir que yo lo encontré para que hagan algo.

Vamos atrás de él, no muy cerca, vamos por la calle de Cristóbal Colón, un poco separados para que no me vea. Se detiene en una esquina cerca de donde venden hamburguesas. Se baja del carro, saca unas placas y las cambia por otras. Quizá por eso la denuncia nunca procedió.

Mi cabeza le daba muchas vueltas a todo lo que estaba sucediendo.

 – ¡Ya déjalo que se vaya!

- ¡No! a ti no te pasó, no sabes lo que se siente, ¡síguelo!

Pasó una patrulla y con la moto en movimiento grité – ¡Policía! el señor que se masturbó en frente de mí ahí va adelante de ustedes.

-Ahorita tenemos que atender algo más importante.

Se fueron, me sentí completamente sola. Nadie hizo nada. Me preguntaba entonces qué tenía que pasar para que fuera importante lo que me había pasado.

Ya no lo volví a ver después de ese día.

Mi suegra dice que lo desaparecieron, y quizá es verdad,  quizá no. Lo que sí estoy segura es que me alegra no volverlo a ver. Si no les importó a las autoridades, si no hicieron nada, quizá alguien más hizo justicia por mí sin darse cuenta.

Acoso más oídos sordos de la autoridad es igual a vivir cada día con miedo

Ahora tengo 24 años y no lo olvido, vivo con miedo todos los días. Inseguridad. Impotencia por no poder caminar sola sin mirar por todos lados cuidándome de cualquier hombre que pasa a un lado de mí. Cargando mi navaja y mi gas pimienta para defenderme si ocurriera algo de nuevo.

Quisiera ser libre, así como un hombre que camina por la calle sin temor alguno. ¡Sí!, me hubiera gustado nacer hombre, así podría vivir como me gustaría. Viajar sin miedo que nadie se sintiera con derecho de poder tocar mis partes íntimas.

Está normalizado el acoso callejero: IMZ

El Instituto de la Mujer Zapotlense (IMZ) es una institución que trabaja en coordinación con el Instituto Jalisciense de las Mujeres con el fin de ejecutar diversas acciones y contribuir con diferentes sectores públicos y sociales en pro de la perspectiva de género.

“A veces andamos en la calle y nos chiflan, pero no sabemos que eso es violencia y nosotras las mujeres pensamos que es un piropo”, comentó la Lic. Lucila Bonilla Elías, directora de IMZ.

El Instituto Jalisciense de las Mujeres promueve el derecho a una vida libre de violencia, acción convocada a través de la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, adoptada en el vigésimo cuarto período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos el día 9 de junio de 1994 en Belém do Pará, Brasil.

En la página oficial del Instituto de la Mujer Jalisciense en el apartado “infórmate” brinda los derechos de una vida libre de violencia hacia las mujeres:

 Derecho a una vida libre de violencia

  • Toda mujer tiene derecho a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado. Art. 1. Convención de Belém do Pará.
  • La violencia contra la Mujer es: cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado. Art. 3 Convención de Belém do Pará.
  • La violencia es un abuso de poder en contra de las mujeres que limita el acceso a los derechos. No importa si no conoces a la persona agresora, si es tu pareja, novio, hijo, amigo, jefe, vecino o servidor público. Nadie tiene derecho a maltratarte, agredirte o lastimarte física, sexual o emocionalmente (Página Oficial del Instituto Jalisciense de las Mujeres). ijm.gob.mx

La titular de la dependencia municipal afrimó  que las principales causas por las cuales el acoso hacia las mujeres se sigue dando son la falta de cultura en la sociedad; las mujeres desconocen los derechos que protegen su integridad al ser agredidas física, emocional y psicológicamente.

Otra de las causas es la poca importancia que le dan las autoridades correspondientes a la situación, lo cual puede llegar a generar en ellas un sentimiento de desánimo, ya que les hacen creer que es una pérdida de tiempo levantar un acta por estas situaciones.

Persevera el acoso verbal entre los jóvenes en Zapotlán

Se aplicó una encuesta para conocer la situación del acoso callejero en jóvenes de Ciudad Guzmán.

Este ejercicio incluyó a 25 mujeres: 1 de cada 3 afirmaron ser acosadas con palabras obscenas; el 25% ha sido tocada en la vía pública; el 18%, perseguidas y una de cada 6 ha presenciado la masturbación pública. En conclusión, el mayor número de agresiones es de carácter verbal mediante palabras obscenas.

 graf 1

Una encuesta realizada a 21 hombres, dio como resultado que el 23% permitirían el acoso sexual.

Mientras que el 77% consideran que es importante respetar a la mujer sin importar su manera de vestir.

  graf 2

 

Es un tema aún ignorado e incluso normalizado por las propias autoridades, quienes catalogan el acoso sexual como una falta “menos importante” que otras. Pero el tema está ahí… aquí, en las calles de Ciudad Guzmán, donde existen muchas Julianas que salen con temor a la calle.

 

Referencias:

Convención de Belém do Pará. (1996). [Documento en pdf]. Disponible https://www.unicef.org/argentina/spanish/ar_insumos_ConvencionBelem.pdf
[Consulta: 2017, Noviembre 14].
Convención interamericana para Prevenir, sancionar y radicar la violencia contra la mujer (Convención de Belén do Pará). [Documento en pdf]. Disponible https://www.oas.org/es/mesecvi/docs/Folleto-BelemdoPara-ES-WEB.pdf
[Consulta: 2017, Noviembre 14]
Instituto Jalisciense de las Mujeres. Junt@s por ellas. Estrategia integral contra la violencia hacia las mujeres. Disponible http://juntxs.jalisco.mx/documentos [Consulta: 2017,  Noviembre 13]
Instituto Jalisciense de las Mujeres.  Disponible http://ijm.gob.mx/quienes-somos/ [Consulta: 2017, Noviembre 13]
Información Jurídica Inteligente. Delitos contra la dignidad de las mujeres. Disponible https://app.vlex.com/#vid/delitos-dignidad-personas-489796198 [Consulta: 2017, Noviembre 09]

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