Por Neldy San Martín, Darwin Franco, Marcela Nochebuena y Siboney Flores
Ilustración y elaboración de gráficos: Sara Hernández Alcántar, Mickey, Adán Vega y Andrea Paredes
Cada prenda guarda una historia. Amontonados en cuartos o tirados sobre el terreno del rancho Izaguirre, en Teuchitlán, cientos de pantalones, zapatos, mochilas y documentos mostraron al mundo el horror del reclutamiento forzado y la crisis de desapariciones en México. En total, más de 1,800 evidencias que son piezas clave para la investigación y para reconstruir trayectorias de vida, y están vinculadas al derecho a la verdad.
El proyecto periodístico Las Prendas Hablan parte de esa premisa. Cada pieza de ropa y objeto descubiertos el 5 de marzo de 2025 por el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco en este centro de adiestramiento del Cártel Jalisco Nueva Generación puede ser un punto de partida para saber quién estuvo ahí y cómo llegó.
Frente a la magnitud del hallazgo y lo complejo que resultaba para las familias revisar los cientos de prendas que fueron publicadas en un excel por la Fiscalía General del Estado (FGE) de Jalisco, el colectivo de hacktivistas Tejer.Red se propuso ordenar la información. A partir de los registros oficiales, creó una plataforma virtual que permite realizar fácilmente búsquedas por tipo de ropa, color, marca y talla.
Un paso siguiente fue abrir la posibilidad de que la ciudadanía participara en la identificación de indicios. En alianza con Tejer.Red, los medios Animal Político, A dónde van los desaparecidos y ZonaDocs lanzaron un formulario para que familiares y cualquier persona interesada pudiera informar si reconocía alguna prenda u objeto de una víctima de desaparición.
Hasta el 25 de febrero, el catálogo registró 7,939 visitas a la página principal, y 59,361 consultas a las prendas. De las más de 1,300 piezas de ropa y objetos incluidos en el repositorio, los más vistos fueron una mochila negra sin marca (20J), un pantalón negro de talla 32 (1A) y un pantalón café sin marca (13A).

En las respuestas al formulario hay un patrón que se repite: varias personas desaparecidas cuyas prendas fueron reconocidas por sus familiares recibieron falsas ofertas de trabajo o se sospecha que pudieron ser víctimas de reclutamiento forzado; en algunos casos, testigos afirman que fueron asesinadas. Se trata siempre de jóvenes.
El proyecto Las Prendas Hablan permanece abierto. La información continuará siendo recopilada con la intención de construir memoria y trazar los circuitos de la desaparición vinculados con el rancho Izaguirre. Como parte del proyecto, presentamos en A dónde van los desaparecidos, ZonaDocs y Animal Político una serie de textos con las historias de las personas y las prendas que pudieron dejar atrás, así como las omisiones de las fiscalías tanto en la investigación de los casos como en la atención a las familias.

Piezas de información
Hace un año, el rancho Izaguirre se convirtió en el epicentro del horror: un predio de aproximadamente 10,000 metros cuadrados ubicado en el ejido La Estanzuela, en el municipio de Teuchitlán, a 58 kilómetros de Guadalajara, era usado como centro de adiestramiento por una organización criminal.
Para las madres buscadoras que entraron al lugar se trataba también de un sitio de exterminio, pues hallaron cientos de fragmentos de restos óseos calcinados, indicios de hornos crematorios, y un campo de entrenamiento. A esto se sumaron los testimonios de sobrevivientes que fueron testigos de asesinatos en el lugar, donde también los obligaban a desmembrar y quemar los cuerpos.
Las prendas encontradas en el rancho Izaguirre evidenciaron una parte del modus operandi de las organizaciones criminales, por su diversidad y por lo que revelaban de sus posibles dueños, la mayoría jóvenes, pues predominaba la ropa informal: pantalones de mezclilla, sudaderas con logotipos deportivos y tenis.
Preservar las prendas localizadas en espacios relacionados con desapariciones es relevante desde el punto de vista forense, pues el lugar donde son halladas se convierte automáticamente en un sitio de investigación, explica Roxana Enríquez Farías, directora general del Equipo Mexicano de Antropología Forense (EMAF).
Desde restos biológicos hasta ropa, cualquier indicio puede aportar información sobre las actividades realizadas en el lugar y las transformaciones del espacio a lo largo del tiempo. La criminalística de campo y la antropología forense permiten analizar si las prendas están asociadas con áreas de entrenamiento, zonas de trabajo forzado u otros contextos específicos, así como determinar si pudieron pertenecer a víctimas o victimarios, y su relación con otros indicios hallados.
Aunque los objetos son susceptibles de alteración, permiten formular preguntas clave: dónde estuvo la persona, cómo llegaron sus pertenencias al lugar, y qué relación existe entre la desaparición y quienes utilizaban el sitio, explica.
Seguir el rastro de las prendas es importante para comprender qué pasó con las personas que las portaban y a las que se obligó a abandonarlas. Para la periodista y académica del ITESO, Alejandra Guillén, el rancho Izaguirre es solo uno de los sitios que conforman el circuito desaparecedor que opera desde 2017 —cuando fueron descubiertos en el municipio de Tala campamentos con víctimas de reclutamiento forzado— en la región Valles, a la que pertenece Teuchitlán.
“Ese rancho forma parte de una cadena con una organización impresionante que utiliza muchos lugares, muchos vehículos, a muchas personas: algunas publican los anuncios en internet, otras pasan por ellos [los jóvenes], otras los retienen, otras los entrenan, otras lavan el dinero”, explicó en una entrevista con A dónde van los desaparecidos.

La revisión de las prendas a través de las imágenes compartidas se volvió, para muchas madres, un ejercicio minucioso. Algunas buscaron detalles que solo ellas podían reconocer: una costura hecha a mano, un parche cosido en la rodilla, una maleta que habían prestado o una Biblia recientemente regalada. Sin embargo, las autoridades no hicieron nada para esclarecer sus dudas, para apaciguar su incertidumbre.
Los más de 1,800 indicios son, para las familias buscadoras, fragmentos de historias que pueden acercarlos a la respuesta de cuál fue el destino de sus seres queridos.
FGR: Acceso caso por caso
La última reunión formal que tuvieron las familias buscadoras con autoridades de la Fiscalía General de la República (FGR), que atrajo la investigación y resguarda en sus instalaciones de la Ciudad de México las prendas halladas en el rancho Izaguirre, fue el 13 de febrero de 2026, un mes después de que el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco denunciara en un comunicado que se habían detenido los trabajos periciales y la propia indagatoria.
Ese día, en las oficinas de la Secretaría de Gobernación les explicaron qué acciones habían realizado en el último año. Para Raúl Servín, padre buscador e integrante del colectivo, fue lo mismo que escucharon el 20 de marzo de 2025 en la FGE de Jalisco, cuando tras el escándalo mediático tuvieron que ofrecerles algún tipo de respuesta.
“De un año a la fecha que nos recibieron, parece que no avanzaron mucho o mejor dicho nada; nos dijeron lo que ya nos habían dicho, aunque confirmaron una cosa nueva: la localización de [otros] indicios debajo del bodegón donde se encontraron las prendas. Nos dijeron que después nos darían más detalles, pero en realidad para mí fue una tristeza [darme cuenta de] que todo sigue igual”, señala el padre de Raúl Servín Galván, desaparecido a los 20 años, el 10 de abril del 2018, en Tlajomulco.
Sobre las prendas, las autoridades dijeron que únicamente proporcionarían información caso por caso, de modo que las familias que creyeran haber reconocido alguna debían presentarse en las instalaciones de la FGR en la Ciudad de México para hacer la solicitud y, si procedía, les darían acceso.
Ruth Mejía fue una de las madres que acudió a la reunión y que solicitó ver las prendas de su hija Merari Noemí García. Ella sabe que su hija, según testigos, fue asesinada en el rancho Izaguirre; por esa razón, les exigió acceder a las prendas que identificó: un par de tenis y una maleta, pero sobre todo una Biblia que vio en las fotos que publicaron Guerreros Buscadores de Jalisco, colocada en un altar dentro del lugar.
“Revisaremos su caso y le daremos una fecha para que pueda venir a ver las prendas”, le dijeron en la FGR. Para Ruth, poder tener esos objetos resulta esencial, pues es “lo único que cree que podrá recuperar de su hija”.
Raúl considera que la respuesta que le dieron a Ruth es desconcertante, porque la mayoría de las familias no tiene recursos para estar viajando de Guadalajara a la Ciudad de México. “Sabemos que las prendas están allá en la FGR, así que la idea es que las personas vayan para allá, pero eso lo veo difícil porque no han hecho ninguna campaña para que las familias lo sepan”.
Mientras tanto, los pasados 17 y 18 de febrero, familias del colectivo realizaron una búsqueda en las afueras del rancho, tras una llamada anónima que les informó de que en ese lugar podrían encontrar cuerpos. Localizaron restos óseos calcinados y diversas prendas.
“Ese día no encontramos nada más, pero vamos a regresar, pues lo que yo quiero es que se sepa la verdad del rancho Izaguirre, que ya no oculten nada, aunque se venga el Mundial [de Fútbol, del que Jalisco es una de las sedes], eso es lo único que quiero a un año de esto”, concluye Raúl.
El Suspicaz es un diario digital independiente sostenido por jóvenes periodistas que buscan proporcionar la información de una manera clara y útil para el Sur de Jalisco.



