El asedio al campo en Los Altos y en El Sur de Jalisco

Opinión

El asedio al campo en Los Altos y en El Sur de Jalisco

En colaboración con Juan de Dios Ruvalcaba

La agroindustria es una actividad de contrastes en la que aún queda bastante trabajo en la búsqueda de equilibrios y soluciones. Los puntos principales radican en la utilización del suelo, aprovechamiento de agua, gestión de residuos y condiciones laborales. En contextos distintos existen problemáticas compartidas que, en su conjunto, implican un llamado a la construcción de alternativas.

En el Sur, la agroindustria les ha pasado un alto costo a los ecosistemas y ha impactado en la disponibilidad de agua. Zapotlán y su valle han hecho frente a este modelo de producción que ha implicado vulnerabilidad social y ambiental bajo la promesa de desarrollo económico y generación de empleos.

Contextos similares: Agroindustria en los Altos de Jalisco.

La región de los Altos de Jalisco es una de las zonas con mayor producción de alimentos de origen animal. Los paisajes que hace unos cuantos años estaban formados por robles, mezquites, pinos, encinos y otras tantas especies de árboles y arbustos. Ahora son dominados por las vistas de construcciones de cemento y lamina que se pierden en el horizonte, estos son el lugar habitado por cerdos, gallinas de postura y pollos de engorda.

Donde antes hubo vegetación originaria ahora hay grandes extensiones de pastizales para que las vacas de cría pasten. La producción intensiva de animales de corral ha hecho cambiar los ecosistemas. El medio habiente ha sido olvidado y en su lugar se siguen construyendo (al mismo momento que se destruyen) nuevos lugares para albergar y procesar a los animales de granja.

Las grandes empresas que encontraron una oportunidad de riqueza no han dudado en despojar a las personas para poder obtener una mayor ganancia. Los pequeños productores casi han desaparecido, una gran parte de las tierras pertenece a compañías que se dedican a la producción agropecuaria; poco a poco van haciendo caer los árboles para sustituirlos por más concreto y pastos.

Además, existen municipios que a duras penas tienen acceso al agua potable. Municipios enteros reciben agua pestilente y mal tratada. Las granjas porcícolas, avícolas y ganaderas tienen el líquido vital a manos llenas. Esto gracias a los pozos profundos cavados ilegalmente y a los tratos en “lo oscurito” formados con los gobiernos municipales los cuales les dan total impunidad.

Precarización de los empleos.

Es cierto que la cantidad de empleos producidos por esta industria es importante y generan la fuente de ingresos de muchas familias. Estos mismos empleos son presumidos por los gobiernos como un gran logro al generar fuentes de trabajo. Lo que no se cuenta son las largas jornadas que trabajan las y los empleados, las malas condiciones sanitarias y los malos salarios, entre otras.

También se genera falta de oportunidades, pues la agroindustria se vuelve la única fuente de trabajo y en municipios solo dos o tres empresas generan los empleos de la mayoría de las personas. Si alguna persona quisiera dedicarse a otro trabajo tendría que abandonar su lugar de origen para poder tener un trabajo distinto y en síntesis, estas empresas dan empleo a cientos de familias, pero el precio a pagar es muy alto pues existen repercusiones en lo social y lo ambiental.

Las alternativas

Por más complicados que se ven los panoramas, lo ambiental, lo social y lo económico deben caminar a la par. Es posible trazar esquemas que apuesten por una agricultura más sostenible y justo este es el momento para avanzar hacia ello de manera consistente. Proteger a las comunidades y sus ecosistemas es el primer paso, llevando un abordaje desde el respeto a los ciclos naturales, la autosuficiencia y lo comunitario.

Pensemos en una producción agroalimentaria en la que los mecanismos de regulación se hagan efectivos, la frontera agropecuaria no crezca a costa de los ecosistemas forestales y el aprovechamiento de elementos naturales sea sostenible. Alejarse de esos principios básicos implica comprometer las posibilidades de desarrollo de cara al futuro.

El costo de procesos de producción que no sean sostenibles va mucho más allá de lo económico, mantener ecosistemas sanos da mayor viabilidad a las actividades económicas y permite los equilibrios necesarios para nuestro desarrollo y subsistencia.

 

 

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