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Tully: Una parte de mí

Un filme estrenado en mayo de 2018 que nos narra la historia familiar de Marlo, una mujer que tiene que sortear su día a día con las complicaciones de ser ama de casa y madre de Sarah, Jonah y la recién nacida Mia, su situación parece mejorar cuando se presenta Tully, una niñera que se encarga de la casa y de Mia por las noches, y cuando todo es calma y equilibrio, la trama da un giro que dejará al espectador con preguntas y reflexiones sobre lo complicado que puede ser la maternidad.

Destacable es la actuación de Charlize Theron como Marlo, entre otras cosas, por su cambio de apariencia que le otorga gran realismo a su personaje. Theron nos vuelve a dejar con la boca abierta, ya que no es la primera vez que sacrifica su aspecto físico para darle el realismo necesario a su actuación, recordemos su papel en “Monster” como Aileen Wuornos en 2003, trabajo que le valió el Óscar y el reconocimiento internacional por su interpretación de una maltrecha y conflictuada asesina.

En “Tully: Una parte de mí”, Charlize Theron es una madre ocupada y trasnochada que se esmera por atender —como dirían en redes sociales— a sus “bendiciones”, pero que se ve rebasada por las circunstancias. En 94 minutos que dura este largometraje, no se juzga si Marlo es o no una mala madre, simplemente se narran sus entornos, desde cómo ella se relaciona con su esposo, con sus hijos, y con la niñera joven y energética que nunca deja de ser adorable y dedicada, hasta cómo ella sortea los quehaceres diarios y comienza o reanuda sus cuidados físicos.

El realismo que tiene la película es de llamar la atención, ya que el director Jason Reitman y la guionista Diablo Cody logran un retrato fiel sobre los problemas cotidianos que enfrenta una madre en su hogar, una suerte que toda aspirante a mamá millennial tendría que ver para tomar sus reservas y planificar con su pareja, qué tan grande quieren tener una familia.

El humor y el ritmo mantienen el interés por la película cuando parece que no sucede nada extraordinario, la magia de “Tully: Una parte de mí” en realidad transcurre en lo ordinario y en lo crudo que puede ser algo que en general, nos han hecho idealizar como una de las experiencias más hermosas de la vida, que en el fondo requiere de un gran esfuerzo físico, mental y emocional, que termina siendo todo un reto cuando no se prevé la llegada de un hijo.

El trabajo sin censura de los involucrados en esta producción es digno para recordar y compartir con adolescentes, jóvenes y adultos que quieran mirar a la maternidad desde otro punto de vista, uno que sin duda es más real, sincero y, sobre todo, reflexivo.

“Tully: Una parte de mí” es el retrato de la fatiga, del agotamiento de una madre entregada al hogar y a los hijos, y también representa las dos caras de la maternidad: la del amor a la familia y la del estrés que puede producir una irrefutable sensación de sofocamiento, aun así, “Tully: Una parte de mí” es bella por su desparpajo de sinceridad, y en esta era de comedias sosas y mal contadas, Theron y compañía nos entregan una comedia dramática que este año no nos podemos perder, porque al final de cuentas, se aprecia más una buena historia que conmueva, que cientos de intentos cuyos únicos fines son los de entretener.

Ver el tráiler aquí

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