El espejo de Medusa

Opinión

El espejo de Medusa

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Zeitgeist tropical de Federico Vite, ganador del premio Arreola

¿Querrá usted leer este libro?

Zeitgeist tropical de Federico Vite es un puñetazo. Nadie puede permanecer incólume ante estas páginas. El lenguaje; la realidad que retrata y recrea; los personajes entre entrañables, terribles e inquietantes; el desarrollo de las historias que evidencian un oficio gozoso de la escritura; la sabiduría técnica; el humor a veces despiadado; los guiños al lector y otras cuantas cosas que ahora no enuncio para no parecer enciclopédico (y con eso traicionar al libro) construyen una literatura poderosa y desinhibida. Si usted está buscando golosinas culturales, si quiere un libro para leer un domingo por la tarde en el sofá, si es de los que se asoman a la literatura para evadirse de la realidad, aléjese de Zeitgeist tropical. Pero si para usted la literatura tiene que ver con la comprensión de la realidad y de su tiempo; si es de los que reconocen que la violencia es una cuña que se ha insertado en nuestras vidas; si le gustan las historias y los personajes complejos, si como  Tom Waits prefiere “las bellas melodías que dicen cosas terribles”; si lo tienta el humor, ese bicho políticamente incorrecto, entonces sea bienvenido a estas páginas para que se acuerde de Acapulco, no como María Bonita, sino como Federico Vite, y con él los que hemos leído su  libro.

 

¿Cómo demonios hablar de Zeigieist tropical?

Cómo hablar de Zeitgeist tropical, me pregunto. Le he estado dando vueltas a este asunto durante los últimos días. Colocarle un adjetivo o un atributo sería traicionarlo. Por una parte tiene esa capacidad de cautivar al lector, quien no puede dejar de leer uno tras otro sus cuentos, un libro que no sólo se deja leer sino que es difícil dejar de leer, sin embargo como ya dije no es un libro fácil. Es un libro rabioso y visceral, sí pero no sólo eso. Es un libro bien trabajado, con una estructura claramente proyectada, que juega con la expectativa del lector, sí, pero no sólo eso. Se trata de un libro tan vivo, tan difícil de asir que siento que habría que comentarlo por primera vez entre cervezas en una palapa de Acapulco o en San Juan de Dios en Guadalajara. “No manches Federico, qué tipo tan dañado el del taller mecánico.” O bien, “Qué pedo con esa vieja, la acosadora del face”, o “Qué huevotes los del sicario marica”, esas cosas y en ese tono en que se comparten las revelaciones, esa quizás sería la forma ideal de hablar de este libro de Federico Vite.

 

La violencia

La violencia cotidiana de Acapulco es el telón de fondo de todas las historias del libro,  música emanada de tiroteos, disparos de AKA 47, ajustes de cuentas, ambulancias, cadáveres en el mar, heridos en las calles, más heridos que médicos en los hospitales. Se trata de una música ruidosa con la que se ha aprendido a vivir. Es esa violencia de los capos de la droga y también la institucional, la de los daños colaterales, el recuerdo de los amigos muertos.

En un estado en donde la violencia es la moneda que más circula, ésta no se limita a los cárteles, al ejército y la policía como si de una guerra particular se tratara. La violencia germina y se extiende como una carcoma, la gente y sus relaciones se ven hundidas en esas aguas tropicales. Un alto ejecutivo recibe una bala perdida; un mecánico provoca una avería en el coche de una de sus clientas; alguien quiere poner un negocio de tacos y lo agobia la burocracia y la corrupción institucional, pero además debe pagar derecho de piso; un jefe de la policía usa la maquinaria oficial contra sus enemigos; diluir cuerpos en ácido o cortar lenguas es un oficio al que se llega inesperadamente, sin plan ni escapatoria. Y luego están la violencia laboral, la familiar y la amorosa. La casa, la cama, las cuentas de banco, las redes sociales son un campo de batalla, son el ring de boxeo de la vida cotidiana.

 

Como un eco

Hay momentos memorables en estas páginas, pasajes que por distintas razones permanecen como un eco en la memoria. Un duelo en diferentes campos de batalla entre un policía y un reguetonero puertorriqueño, la cual da como resultado un álbum de boleros titulado También las cachorras sufren por amor.  Un alto ejecutivo que se enamora de su violador, éste se va metiendo en su vida hasta expulsarlo de su propia familia. Impotentes que  despiertan su virilidad oliendo billetes, o viendo la revista Alarma!, o animales atropellados en la carretera. Un licenciado en filosofía que se realiza como jardinero. Un artista del dibujo que quiere ser Bob Ros, dañado por inhalar cemento, tan inocente y terrible cercenador de lenguas.  Hay también mucho amor y desamor, divorcios, duelos separaciones, pleitos impersonales, sin nombre entre el juzgado y las redes sociales. La pérdida es seña de identidad, se pierde la paz, y la mujer, con ellos se pierde el trabajo, una pierna, la estabilidad, la virilidad.

Hay un pasaje en el último cuento del libro (“E tu, come ti chiami?”), un pelotón de ciclistas es arrollado por una camioneta, en ella el autor muestra una impresionante capacidad de escritura, una de las escenas más logradas que he leído en los últimos tiempos.

Algunas alusiones

Zeitgeist tropical es además un diálogo con la cultura. “Variaciones musicales sobre la justicia” es una defensa y un homenaje a Agustín Lara y, de forma indirecta a Stepehn Crane en La roja insignia del coraje. “Últimos atardeceres en el mundo” alude al cuento casi homónimo de Roberto Bolaño, “Últimos atardeceres en la tierra”, que también sucede en Acapulco. “Casablanca: pensamientos repentinos, naturalezas muertas, Acapulco”, juega con la película de Michael Curtiz, y la imagen de Humprey Bogart e Ingrid Bergman, se trata además una historia amorosa de una ternura inesperada en el conjunto del libro.

Los libros de Acapulco

Federico Vite  asegura que Acapulco le dio los libros, más precisamente que las calles de Acapulco le dieron los libros. Quizás por eso estas historias se arraigan con tanta fuerza en la calles del puerto, quizás por eso estos cuentos y sus personajes se parecen tanto a la vida, porque, como él dice “para algunos la literatura no es sólo un pasatiempo sino la vida misma”.

Quizás esa sea la razón por la que Federico Vite agarró a su adorado Acapulco y lo metió a Zeitgeist tropical, este libro que además nos recibe con la nota de que ha ganado el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola.

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