Opinión | De la responsabilidad social de los “psicoanalistas”

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Opinión | De la responsabilidad social de los “psicoanalistas”

“Pues bien, ¿cuál es, entonces, la responsabilidad de los intelectuales?” [1] se pregunta Noam Chomsky haciendo referencia a un texto que escribió en 1967 “La responsabilidad de los intelectuales” en un artículo publicado por el periódico español “El País” el 9 de octubre del 2020. Los intelectuales son aquellos que por su “posición privilegiada” -ya sea por su inteligencia o conocimiento- tienen la capacidad de ver: “lo que tienen justo delante” y que aquellos que son verdaderamente intelectuales son aquellos que con su honradez lo “cuentan tal como es”. Es decir, el “intelectual” al tener “una posición privilegiada” requiere de una posición ética desde la cual intenta describir e incidir en los acontecimientos político-sociales de la coyuntura histórica en la cual están inmersos.

Hay una especie de llamado permanente a hacer Historia y a hacerse como Historia, inscribirse en ese Gran Relato de la Historia y en tanto que Dios vive como Gran Relato [2] no deja de tener su influencia -aún en aquellos que se dicen ateos- ya que bajo la forma de la Historia no deja de llamar a la trascendencia y elevación de espíritu.

Hemos visto pasar a lo largo de la historia a muchos autores que comparten esta posición ética llamada “ser intelectual”. Muchos de ellos generando aportes que efectivamente tuvieron una repercusión de alguna u otra forma en su contexto político-social sea positiva o no -habría que ver- entre ellos estan: Bourdieu, Certeau, Chartier, Darnton, Chomsky, Ginzburg, Guilhaumou, Koselleck, La Capra, Nora, Ory, Pocock, Ricoeur, Sirinelli, Skinner, Sartre, entre muchos otros.

Sin embargo no se trata aquí de una crítica hacia los posicionamientos ético-intelectuales que han tenido lugar con el paso de las épocas sino de una tendencia etificadora en el psicoanálisis que se agudiza cada vez más y que da lugar al surgimiento de los “Psicoanalistas-intelectuales” o intelectualoides, puesto que la cuestión de los intelectuales y su incidencia es un asunto muy aparte de esta quimera insostenible. Puesto que no se sostiene ni lo intelectual ni lo psicoanalítico y por lo tanto no deja de ser una entelequia absurda.

¿El “psicoanalista”, estaría en “una posición privilegiada” dado su conocimiento e inteligencia que le permitiría incidir en los hechos socio-políticos de su época? ¿Cuál sería la inteligencia del psicoanalista? palabra que por otra parte no deja de estar cargada actualmente de psicologismo ¿El inconsciente es una cuestión de inteligencia? ¿El inconsciente es algo que se tiene delante y que pudiera verse en todo momento y lugar como un elemento más de la realidad? ¿Existe inconsciente fuera del análisis? ¿Hay transferencia fuera del análisis?

Y por otra parte: ¿Qué tipo de conocimiento tendría “el psicoanalista” para incidir en los hechos políticos-sociales? ¿el saber referencial en juego servirá para bordear esa realidad político-social? y aún más: ¿La praxis analitica remite a lo político-social? ¿Qué acaso no se insiste permanentemente “machacando las orejas”, como decía Lacan, para que estas orejas se remitan a lo que realmente se trata en cada caso en particular y con cada analizante? ¿Acaso estas ideologías “psicoanalíticas” no son más que una nueva forma de resistencia y no precisamente política? puesto que como sabemos la resistencia pertenece al psicoanalista. ¿Acaso estas ideologías operarían en la praxis analítica? ¿Qué acaso si estas ideologías operaran en el análisis no serían más que como contratransferencia en el sentido en que Lacan la sitúa en el seminario de “La angustia” como: “todo lo que, de lo que recibe en el análisis como significante, el psicoanalista reprime”? [3]

Los ejemplos son varios y procedentes de varias escuelas de psicoanálisis sobre esta oleada etificante -y de los “psicoanalistas-intelectuales” que al parecer no les basta la practica analitica y sienten que en tanto psicoanalistas tienen una responsabilidad social- se habla por ejemplo, del inconsciente y su relaciones con la política de AMLO , de la cuestión de los de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, del psicoanálisis y la pandemia del Covid-19, del psicoanálisis y el capitalismo, psicoanálisis en sus relaciones con el derecho y la política, el diálogo entre marxismo y psicoanálisis, psicoanálisis frente al fascismo y al populismo, psicoanálisis y violencia de género, el psicoanálisis y la configuración de identidades políticas a partir de las elaboraciones de Lacan sobre el estadio del espejo, o la reciente dirección que la AMP toma a partir de la conferencia de Jacques Alain Miller en Madrid el 17 de junio del 2017 [4]:

Donde se habla, entre otras cosas, de la formidable batalla política de la Escuela de la Causa Freudiana para apoyar a las fuerzas democráticas anti Le Pen, de las tendencias populistas o fascistas de algunos “psicoanalistas” o de la incidencia del psicoanálisis en lo político como nuevo paradigma -dando un paso hacia adelante que no dio ni Freud ni Lacan, según Miller- basándose en una interpretación bastante maniquea de un fragmento muy reducido e introductorio de “Psicología de las masas y análisis del Yo”.

A este texto de Freud le pasa algo similar que al del “malestar en la cultura”, donde se piensa que está privilegiando lo colectivo por encima de lo individual, siendo que ambos trabajos son eminentemente clínicos, puesto que a Freud le interesan sólo algunos fenómenos de la psicología colectiva pero para hablar de la identificación, la libido, el enamoramiento entre otras cuestiones que remite al narcisismo. En el caso del “malestar en la cultura” nos habla -entre otras cosas- de sublimación, neurosis y del pináculo del malestar en la cultura: la estructuración de una una instancia psíquica llamada “Super-yo”.

Como se puede ver los ejemplos son muchos y la propagación de la etificación del psicoanálisis sobre esta vía de la responsabilidad social del analista incrementa más y más.

Habría que precisar que “Psicoanalista” no es una sustancia, o una esencia o una propiedad que emane de una persona, no se “es” analista permanentemente. No me peino, voy al baño, me visto, me comporto en tanto que psicoanalista. Hay que separar al individuo del “analista” -entendido este último como una función que tiene su lugar única y exclusivamente en la praxis analítica- si no entramos en una pendiente bastante resbalosa en la cual toda acción se asocia a cualquier cualidad y toda cualidad se asocia a cualquier acción, como comenta Jean Allouch si: “Se lo es permanentemente, no importa lo que se haga, aunque sea un pedo al revés. Y recíprocamente: no importa que es lo que se haga, siempre es analítico sólo porque se es analista”. [5]

Si se es analista independientemente de lo que se haga y todo lo que se hace en tanto analista es analítico encontramos aquí “la posición privilegiada” de la que hablaba Chomsky con respecto a los intelectuales, el analista estaría habilitado para poder interpretar todo lo que está delante de él y describirlo tal como es de forma honesta y ética. Aquí analista deja de remitir a un función que tiene lugar a partir del establecimiento del método freudiano creando un extraño “individuo pensante” y -como sabemos- donde aparece el individuo aparece la cuestión de la ética sobre su actuar y su relación con el mundo circundante.

Poco importa de qué forma se intente establecer esta extraña individuación del psicoanalista ya sea por el aval de una institución, de un título universitario, de una iniciación, por imposición, por impostura, por oportunismo, por ignorancia, por reconocimiento narcisista, porque la práctica les parezca insuficiente o simplemente por el establecimiento de un nuevo paradigma que no corresponde a las especificidades del ejercicio analítico. Se trata cuando se habla de analista como comenta Ricardo Rodríguez Ponte [6] de:

“(…) una posición y un momento, muy puntual y particular, en el curso de la sesión de análisis.”

Analista es una función, un acontecimiento, una operación, que remite pura y exclusivamente al acto analitico. Analista y acto analitico son una y la misma cosa. En tanto remite al acto no establece ningún tipo de ser -entendido como una sustancia, ente, esencia, etc.- no hay un “ser” analista. De igual manera que la distinción que hace Lacan entre individuo y sujeto con la cual a su vez distingue entre signo y significante nunca una cualidad identifica a un sujeto ¡ni tampoco al psicoanalista! [7] [8] :

‘En lugar de la función analista, por poco que consideremos la instancia de la letra en el inconsciente como la de una unidad indivisible, pues así no se omite ninguna, algo es convocado, algo que no es ni ser ni nada, sino un modo positivo de ser que no obstante no se produce, no se hace producto más que marcado por un “no serlo”‘.

El analista es convocado a operar -no a interpretar, puesto que no se trata de signo sino de significante- sobre esas articulaciones del sujeto -incluso cuando a veces sea a través de un “silencio elocuente”- ahí donde “el significante representa al sujeto ante otro significante” para dar lugar a todo lo que del significante no pueda ser situado por un sujeto en su punto de desvanecimiento.

Situado de esta manera vemos que no hay ninguna seguridad ni garantía de que se es psicoanalista ¿cómo tener alguna certeza si no hay ningún signo que represente algo para alguien o un “alguien” que sea representado y situado a su vez por el signo? incluso quizá toda esta elaboración referencial hecha en este artículo es insuficiente para situar al analista como función, puesto que por una parte el texto es corto porque es para un periódico, pero principalmente, sin importar la extensión de cualquier texto, de la transferencia no se puede dar cuenta. Y la transferencia es y seguirá siendo el centro de la experiencia analitica pero tambien su gran enigma.

¿Se dejará de intentar tener una garantía de “ser psicoanalista” a través de todo ese ruido intelectualoide de siempre, de la mutua adulación o etificación? como dice el refrán popular: ¡Zapatero a tus zapatos!

Referencias:

[1] Chomsky, N. (2020, 9 de octubre). “¿Cuál es la responsabilidad de los intelectuales?”. El País.

[2] Sobre este punto véase: Allouch, J. (2014) “Prisioneros del Otro. La injerencia Divina I”. Buenos Aires, Argentina: Ed. El Cuenco de plata.

[3] Lacan, J. (1962-1963). Seminario “La Angustia”. Versión crítica de Ricardo Rodríguez Ponte.

[4] Jacques Alain Miller, “Conferencia de Madrid” pronunciada el 17 de Mayo del 2017 en el Palacio de la Prensa de Madrid. Esta conferencia puede encontrarse en la plataforma “YouTube” a través del canal: “Punto de fuga-Revista”.

[5] Allouch, J. (2010)”La etificación del psicoanálisis. Calamidad”. Buenos Aires, Argentina: Ed. Me cayó el veinte.

[6]“Reportaje a Ricardo Rodríguez Ponte” Realizado por Michel Sauval. Revista Acheronta número 22. Diciembre del 2005.

[7] Parafraseando a Jean Allouch en “La etificación del psicoanálisis. Calamidad”. 2010. Ed. Me cayó el veinte.

[8] Allouch, J. (2010)”La etificación del psicoanálisis. Calamidad”. Buenos Aires, Argentina: Ed. Me cayó el veinte.

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