Fiestas en Honor a San Sebastian y la virgen de la Candelaria. Tuxpan, Jalisco.

Fiestas en Honor a San Sebastian y la virgen de la Candelaria. Tuxpan, Jalisco.

Cultura

Ponche, comida y danzas, tradición Tuxpanense

“En Tuxpan todo es posible” y si no hay fiesta, la inventamos, fueron las palabras de Miguel Ortiz, cronista de la ciudad de Tuxpan al hablar de una de las principales celebraciones de la entidad, las fiestas de San Sebastián y la Virgen de la Candelaria.

A decir del cronista de la población, la fiesta tiene como tradición celebrarse el día 20 y 27 (La octava de San Sebastián) de enero, así como el día 2 de febrero (Día de la Candelaria); dichas festividades datan del Siglo XVII, aunque sin registro exacto, la veneración sigue en pie.

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De ser originalmente tres imágenes, conocidas como el San Sebastián Arribeño, Abajeño y Pronunciado en el Siglo XVII, en la actualidad se contabilizan un aproximado de cuarenta y cinco imágenes del Santo en cuestión.

Por supuesto, las danzas no podían faltar, de esta manera, Ortiz explica el origen de las mismas.

Chayacates

Esta danza surge de la sátira a los españoles por parte de los nativos de Tuxpan debido a los malos tratos de los extranjeros

“Porque los españoles siempre fueron abusivos con los naturales de Tuxpan… entonces los naturales de Tuxpan tenían de alguna forma que repudiarlos, no había otra forma más que disfrazarse de ellos para burlarse (de los españoles) y de su Santo, porque sabemos que a San Sebastián no lo trajeron los españoles”.

En cuanto a los elementos que conforman la danza se encuentran las botas, el pantalón de casimir, saco y  guantes que prestaban los españoles a los indígenas, de igual forma el chicote en la mano representaba el látigo con el que eran azotados los nativos, en cuanto a la máscara y el pelo, Miguel agrega:

“Portaban máscara de un hombre blanco, en algún momento los ojos eran azules o verdes y la dentadura era metálica, de color dorado o plateado, pero un rostro blanco y barbado; el pelo era de ixtle deshebrado, por lo tanto un poco chino y rubio”.

Además, menciona, la incorporación de los cuernos se debe a que

“Los naturales de Tuxpan los llamaban (a los españoles) Quistianos, los quistianos eran malos, eran demonios, por eso los cuernos”.

Si bien en sus inicios los cuernos eran de chivo, becerro o vaquilla, tiempo después fueron remplazados por cuernos de venado. En cuanto a la sonaja, está hecha de una planta que crece en los alrededores del municipio llamado cirian. Cabe señalar que en su génesis la danza estaba integrada por seis personas y el violinista utilizaba dicho instrumento para distinguir lo que era de origen español.

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Sonajeros

Según el cronista, los Sonajeros son sólo invitados de esta festividad, ya que el día de la danza es cuando se celebra al Corpus Cristi.

Miguel Ortiz, apunta, los también conocidos como “Guerreros Águila o Guerreros del Sol” es la danza más antigua de Tuxpan, de origen prehispánico, se caracteriza por el uso de la flauta de carrizo y el tamborcillo para producir la música que los acompaña.

Por su parte, indica, la indumentaria se caracteriza por el predominio del color rojo, que refleja al dios del Sol, ya que los listones del chaleco, la calzonera y las polainas son de este tono; mientras que su calzón y camisa es blanco; portan su respectivo sombrero y huaraches; de la misma manera cargan con su sonaja hecha de madera con tres orificios que tiene pequeñas láminas de metal, esta  mide un aproximado de ochenta centímetros y está pintada en color amarillo y rojo. También se tienen documentos, del ya mencionado siglo, en los que se explica la danza estaba integrada por seis u ocho pares de danzantes mayores de dieciocho años.

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Gastronomía

Claro, la gastronomía no podía faltar en una fiesta tan importante, por ello, Miguel menciona, la comida tradicional consiste en la Cuaxala, el plato típico por excelencia, así como el pipián, la sopa de arroz, acompañados por el acostumbrado ponche o en su defecto, mezcal.

Ante la evolución de las fiestas y las danzas, Miguel expresa

“Lo que aumenta en cantidad disminuye en calidad” pues dice “antes los grandes señores se fijaban en que pisaras como tenían que pisar, si agarraban la sonaja como la tenían que agarrar, la posición del cuerpo y ahora no…”.

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Mas las celebraciones permanecen, la tradición se permea y tanto visitantes como residentes de El Pueblo de la Fiesta Eterna disfrutan año con año de las danzas, la comida y el ponche.

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