Un adiós a Orso Arreola, guardián de las memorias de Juan José Arreola

Cultura

Un adiós a Orso Arreola, guardián de las memorias de Juan José Arreola

Por Iván Serrano Jauregui | Ciudad Olinka

La mañana de este 22 de febrero, corrió la noticia de que el escritor, promotor cultural y periodista Orso Arreola Sánchez había perdido la vida en Ciudad Guzmán, Zapotlán del Grande.

El hijo de Juan José Arreola (1918-2001), escritor de libros sobre su padre y responsable de la Casa Taller Literario Juan José Arreola, fue un incansable promotor de la cultura en Jalisco.

En su perfil de Facebook, se puede leer las palabras de su hija Sara Arreola, quien compartió la noticia:

“La familia Arreola participa que su padre, abuelo, tío y hermano, el maestro Orso Arreola Sánchez, celoso y minucioso guardián de la memoria de su padre, el eminente escritor jalisciense Juan José Arreola, falleció la madrugada de este lunes 22 de febrero de 2021, en su querido Zapotlán El Grande, a la edad de 72 años”.

“Descansa en paz, te lo deseamos con cariño, respeto y profunda admiración. Que tu sabiduría irónica y tu descomunal vocación de oso literario nos resguarde y acompañe siempre”, compartió.

En días pasados su hijo Juan José Arreola Cuenca publicó que Orso Arreola se encontraba hospitalizado desde el 18 de febrero.

Algunas de la obras que Orso Arreola escribió sobre Juan José Arreola son El último juglar, Prosa dispersa y Vida y obra.

También fue compilador e investigador de Perdido voy en busca de mí mismo. Poesías y acuarelas y Juan José Arreola, Iconografía.

Algunas de las funciones que realizó fue ser subdirector de Educal y promotor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara desde sus inicios.

Fue articulista, educador, librero y director fundador de la Casa Taller Literario Juan José Arreola.


Una visita por Arandas:
Las memorias de un juglar sobre una deuda sin cobrar

Por Juan José López

En abril de 2018 se realizóó el Festival del Libro y las Artes de Arandas (Feslaa). En esa ocasión, Orso Arreola compartió las memorias de su padre. Te compartimos este texto para recordar la incansable labor de Orso Arreola, como difusor de las memorias de Juan José Arreola.

Una estela de luz se filtraba por el techo de la Casa de Artes y Oficios Félix Bañuelos de Arandas, iluminaba a un hijo del último juglar de la literatura mexicana.

El legado de Juan José Arreola hablaba para un selecto público encabezado por una fuente de cantera.

Casi como si fuera una metáfora de La Feria, las fiestas de San José tamizaron la asistencia. No más de 60 personas éramos los que estábamos y estábamos los que éramos.

Fue un recorrido por las memorias de Orso Arreola Sánchez en la vida y obra del célebre escritor jalisciense, que ahora sus restos reposan en la Rotonda de los Ilustres y sus historias entre las memorias de miles de lectores de varias generaciones.

La visita de Orso no era casualidad y el Feslaa sólo fue un pretexto.

Conocer la vida y obra en voz de un Arreola fue como como caminar a tientas sobre la trayectoria de Arreola padre.

Cuando mencionaba los logros más destacados y las principales relaciones con otros literatos e intelectuales, las memorias se iban entretejiendo con un mágico e íntimo anecdotario.

Zigzagueaba entre la infancia y aquella juventud en la capital, la estancia en París y su natal Zapotlán el Grande, en la casa de sus padres. Vale precisar, pues según su hijo, era el refugio cuando la ciudad le agobiaba o los problemas lo perseguían.

Contaba cómo Juan José chocó dos coches sin siquiera tener uno para conducir, un exorcismo que le fue enseñado por Alfonso Reyes y cómo él le ayudaba en sus males de amor, en las situaciones difíciles.

Además de que fuera él quien, como reconocimiento por su talento, le publica su primer libro Varia Invención, en 1949.

Orso Arreola

Incansable. El legado de Juan José Arreola fue compartido en diversas ocasiones, por parte de Orso Arreola. Fotografía: Universidad de Guadalajara

Aquí en el pueblo se sabían historias de deudas de dinero por apuestas, de amores, deudas de honor pero pocas como la que el maestro vino a pagar con tan beneplácita manera.

Vengo con mucha alegría porque siempre había tenido una deuda pendiente con Arandas”

“Y se debe a que el maestro que más influyó en el joven Juan José Arreola fue Arturo Rivas Sainz, nacido aquí”.

Rivas Sainz fundó la revista literaria Eos y Pan, donde Arreola publicó sus primeros cuentos y poemas.

Fue así que en compañía de Juan Rulfo, Antonio Alatorre y otros escritores más, se inicia en la aventura de la literatura.

El arandense Arturo Rivas Sainz fue maestro e impulsor intelectual de dos de los principales escritores mexicanos a nivel internacional, y esa tarde el maestro Orso, para orgullo de los arandenses, lo recordaba con profundo agradecimiento.

Con un semblante tranquilo y unas manos temblorosas precisó que su padre sí tuvo una formación, contrario a lo que en ocasiones se ha especulado.

El teatro fue su pasión y ahí mismo se forjó como dramaturgo, cuando llegó a la ciudad de México a estudiar a la Escuela Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1937.

El Arreola literato surge de manera autodidacta, fruto de su pasión como lector y su afinidad a escritores españoles como Francisco de Quevedo y Luis de Góngora.

La influencia humanística y espiritual le fue compartida por dos de sus tíos sacerdotes, Librado y José María Arreola.

Confesó que Juan José estuvo a punto de ser sacerdote y aunque estudió en el seminario de Zapotlán, el destino de ese Arreola ya estaba marcado por la literatura.

Al igual que varios literatos arandenses, también le tocó vivir los inicios de la guerra cristera.

Los paisajes de Zapotlán se vieron manchados de sangre, en los postes del correo había colgados y entre brechas seguido se encontraba con muertos.

El antropólogo Jean Meyer, también presente, no lo pudo desmentir. Como en la familia había dos tíos sacerdotes y dos tías religiosas, por mucho tiempo cargó consigo delirios de persecución y motivos de más para encerrarse en casa a leer.

Emocionado, palabra a palabra, Orso ilustraba la faceta de un Arreola marcado por la suerte de su destino.

Las relaciones que fue ganando con el paso del tiempo lo convirtieron en maestro y aprendiz.

Una de las amistades que más marca la vida de Juan José es la de Pablo Neruda, a quien conoce por medio de el escritor Guillermo Jiménez, quien lo invitó a Zapotlán en 1946.

Después de una verbena y mucho ponche de granada, terminaron los dos declamando 20 poemas de amor en el kiosco de aquel pueblo del sur de Jalisco.

El maestro Arreola fue puente entre generaciones de escritores: desde sus maestros Villaurrutia y Rodolfo Usigli; sus compañeros Rulfo y Alatorre; Paz, Del Paso y Pacheco; hasta los contemporáneos como Monsiváis, Poniatowska y los boomers latinoamericanos como Cortázar.

Arreola editó más de 60 obras de estos autores y Orso fue testigo de cómo se trabajaban, hasta cómo se imprimían, ya que la casa donde vivían era la imprenta y estudio de trabajo de su padre.

“El tiempo, hay que ganarle al tiempo para llegar a tiempo…”, las anécdotas seguían fluyendo y Orso Arreola estaba dispuesto a continuar, pero el tiempo de su charla estaba por terminar.

No era el hijo de Juan José Arreola quien hablaba, porque a quien teníamos de frente era un fanático de su literatura. Orso acompañó a Arreola a donde pudo, y lo que no observó se dió el tiempo de investigar.

“Mi padre en la vida diaria fue casi mi gran amigo, me convertí en un discípulo, y no porque tuviéramos una relación filial, sino porque reconozco en él a mi gran maestro, el último juglar”.

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