Un octubre atípico en Zapotlán

Opinión

Un octubre atípico en Zapotlán

Por las razones que ya bien conocemos este mes de octubre será distinto, la algarabía que caracteriza a ésta época del año no se hará presente con la misma intensidad, el día de la función no se prepara ni se espera de la misma manera pues hay una causa que nos llama a seguir teniendo cuidado, resguardarnos y dejar los encuentros multitudinarios para otra ocasión.

Octubre y sus fiestas son uno de los elementos que a lo largo de la historia han dotado a Zapotlán de su identidad. Estas fiestas que quedan retratadas en su parte más pura y tradicional en “La Feria” de Juan José Arreola y que cada año nos convocan a las calles, sin duda no quedarán desapercibidas, pero se desarrollarán entre noches más silenciosas y calles menos agitadas.

Y nosotros salimos ganando porque la feria de Zapotlán se hizo famosa por todo este rumbo. Como que no hay otra igual. Nadie se arrepiente cuando viene a pasar estos días con nosotros. Llegan de todas partes, de cerquitas y de lejos, de San Sebastián y de Zapotiltic, de Pihuamo y desde Jilotlán de los Dolores. Da gusto ver al pueblo lleno de fuereños, que traen sombreros y cobijas de otro modo, guaraches que no se ven por aquí. Nomás al verles la traza se sabe si vienen de la sierra o de la costa. Muchos tienen que quedarse a dormir en los portales, en el atrio de la Parroquia o en la plaza, junto a los puestos de la feria, porque no hay lugar para tanta gente. En todas las casas hay parientes de visita y duermen de a tres y de a cuatro en cada pieza. Los corrales se vacían de gallinas y guajolotes. Y no hay puerco gordo, ni chivo ni borrego que llegue vivo al Día de la Función…

Siempre existe algo de qué aprender

El ambiente será distinto. Quizá en esta ocasión nos toque charlar acerca de lo que las fiestas fueron en años pasados. Recordarlas, tomar la parte simbólica de lo que nos une como pueblo y entender que el uso adecuado del espacio público debe ser también un elemento dentro de las celebraciones.

Ha sucedido en años anteriores y seguramente sucederá en los que están por venir; nos volveremos a reunir en la plaza principal con montón de luces de los puestos de comida, estando al lado de personas que quizá no conozcamos pero eso no implica que no cuidemos de nuestro espacio. El espacio público que es de todas y de todos. Ojalá que en algún momento, después de las reuniones suenen menos las escobas que tienen que buscar en cada rincón los residuos, bolsas y empaques de lo que amenizaba a cada encuentro

Ojalá que el cuidado de nuestra ciudad también nos una. La organización y la solidaridad que surge en tiempos de fiestas de octubre también pueden generarse para cuidar aún más de nuestros espacios, de las calles que caminamos, de lo que es nuestro y que pronto podremos disfrutar de nuevo, así como era antes.  No dejemos que el sentido de responsabilidad nos “entre por un oído y salga por el otro”

“Un río de estulticia me ha entrado por las orejas, incesante como las aguas que bajan de las Peñas en las crecidas de julio y agosto. Aguas limpias que la gente ensucia con la basura de sus culpas… Pero desde aquí, desde arriba, qué pueblo tan bonito, dormido a la orilla de su valle redondo, como una fábrica de adobes, de tejas y ladrillos”.

 

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.