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Opinión

Sepa usted qué ¡Todo mundo es loco!

Me parece que cada vez es más evidente que todos lo hechos humanos pasan a través del filtro de las ciencias sociales, y es que no es de sorprenderse que con todo el auge que han tenido la psicología y la psiquiatría, desde el siglo XIX hasta nuestros días, no haya habido una captura en la manera en que se interpretan nuestras vidas por efecto de lo que Foucault denominó “La función subjetiva”. Este término hace referencia a la fabricación de un Cuerpo-Psique que sirvió para caracterizar a lo que es la base de las ciencias del hombre, es decir, “El Individuo”.

Un individuo al cuál permanentemente se le proyecta un Psiquismo en conjunción con un organismo, con lo cual podemos decir que el psiquismo no existió desde siempre sino que es el efecto de algo que el filósofo francés denominó “Poder disciplinario” [1]:

“La hipótesis que quiero proponer es que en nuestra sociedad existe algo que podríamos llamar poder disciplinario. Por ello no entiendo otra cosa que cierta forma terminal, capilar del poder, un último relevo, una modalidad mediante la cuál el poder político y los poderes en general logran, en última instancia, tocar los cuerpos, aferrarse a ellos, tomar en cuenta los gestos, los comportamientos, los hábitos, las palabras; la manera, en síntesis, como todos esos poderes, al concentrarse en el descenso hacia los cuerpos y tocarlos, trabajan, modifican y dirigen lo que Servan llamaba “las fibras blandas del cerebro”. En otras palabras, creo que el poder disciplinario es una modalidad determinada, muy específica de nuestra sociedad, de lo que podríamos denominar contacto sináptico cuerpo-poder.”

Nuestra sociedad actual busca el dominio y control sobre los cuerpos, sitúa permanentemente una mirada sobre los mismos, algo que Foucault denominó efecto panóptico [2]: “ver todo, todo el tiempo, a todo el mundo, etc.”

Por lo cual uno estará siendo vigilado a cada momento moldeando pensamientos y comportamientos. Buena parte de esta mirada se establece por medio de la escritura, piénsese por ejemplo en el registro civil, registros de productividad laboral, desempeños escolares, identificaciones personales, registros de antecedentes penales, de salud etc.

Esta mirada que busca el control sobre los cuerpos también tiene lugar por medio del saber cómo es el caso de la psicología y la psiquiatría que, siguiendo la característica isotópica del poder disciplinario, hacen aparecer al “Enfermo mental”, y toda una psicopatología que fundamenta a esta figura.

No es que el poder disciplinario se ejerza sobre los individuos sino que los individuos mismos son producto del poder disciplinario, nunca hubo en la historia un énfasis tal en el establecimiento de “individualidades”, y por lo tanto también en una categorización y caracterización y distribución de las mismas dentro de la esfera social.

La psicología y la psiquiatría se vuelven pilares fundamentales de esta sociedad disciplinaria en la que vivimos, puesto que su función principal es disciplinar a los sujetos a partir del saber, distribuirlos como normales o anormales dependiendo de qué tanto puedan entrar dentro de los estatutos disciplinarios de la sociedad y de que tanto puedan servir como fuerza de trabajo para sostener los medios de producción capitalista.

Recordemos que al poder disciplinario lo precede el poder soberano y por lo tanto surge en buena medida al instaurarse la burguesía.

La cuestión del individuo psicologizado ya no puede sostenerse más si es que uno ve su trasfondo y sobre todo su intolerancia a todo lo que puede remitir a la locura. Hablar por ejemplo de un elogio a la locura como lo hizo Erasmo en 1511 [3] resulta insoportable para la psiquiatría y la psicología, puesto que la locura es para él lo más propiamente humano que existe e incluso la condición humana misma, algo que por su parte Pascal también compartía [4]:

“Los hombres son tan necesariamente locos, qué sería estar loco de alguna otra manera el no estar loco”. Se trata entonces de locura, pero de una locura que no está psicologizada, que no remite a ninguna psicopatología.

Sin embargo, no se trata aquí de hacer un “Elogio a la locura” a la manera de Erasmo sino del “Todo mundo es loco” que Lacan pronuncia en Vincennes en 1978, enunciado que surge de la praxis analítica, la cual no busca ni disciplinar a los sujetos mediante ejercicios de poder ni establecer un dominio sobre la locura, es más, es una praxis que surge de la locura misma.

El discurso universitario -y aquí dejamos también la referencia a Michel Foucault quien entendía a los discursos como “formas culturales” mientras que para Lacan su elaboración de los cuatro discursos remite a especificar el discurso y praxis analítica- intenta hacer una enseñanza de la locura, hacer de algo particular algo universal y es justamente por situarse en lo particular que el psicoanálisis no es materia de enseñanza y no enseña nada, es más bien una praxis que se sitúa sobre la locura particular de cada quien puesto que como dice Lacan [5]:

“(…) Freud se abrió camino. Él pensó que nada es más que sueño, y que todo el mundo (si es lícito semejante expresión), todo mundo es loco, es decir, delirante.”

Y por lo tanto se trata de lo un sucede en cada caso en particular.

El discurso universitario busca un dominio de saber y certeza sobre sus distintos objetos de conocimiento, para Lacan las ciencias sociales, entre ellas la psicología y la psiquiatría, buscan permanentemente generar un sentido que pueda taponar está impontecia de saber sobre la locura; mientras que el psicoanálisis es una praxis que se encontró con el mundo delirante de cada quien, con el sueño del cual Lacan decía que nos despertamos para volver a una realidad en la que seguimos soñando, con la locura en su particularidad y con las incidencias de lo Real.

Lacan sitúa a lo Real como [6] “el misterio del cuerpo hablante, el misterio del inconsciente”, eso con lo cual Freud se encontró como límite interpretativo y lo llamó “el ombligo del sueño” ó “la roca dura de la castración”. Se trata de ése “Es” o “Ello” de “la cosa” del deseo como tal inarticulable y sin embargo hablante y de un sujeto que advenga en ese lugar [7]: “Allí donde eso estaba, el Ich- el sujeto no la psicología- el sujeto ha de advenir” enunciado con el cual Lacan da un giro de tuerca al “Wo es war, soll Ich werden” Freudiano. Con el cual Freud sostenía aún la unidad de un aparato psíquico.

No se trata del Individuo psicológico fabricado por los aparatos de poder y de la psicopatología que lo sostiene, sino de un sujeto que no genere la unidad del aparato psíquico Freudiano ni tampoco -dicho sea de paso- la unidad de la certeza Cartesiana, se trata de un sujeto que remita a la pura y simple contingencia significante. “En psicoanálisis los términos “enfermo”, “médico”,”medicina” no son exactos no se usan.” [8] Es una práctica que pasa a través de la palabra y dónde la locura encuentra un lugar sustancial puesto que se puede hablar de cualquier cosa que se venga a la cabeza.

Bibliografía

[1] Foucault, M. (1973-1974) “El poder psiquiatrico”. Buenos Aires, Argentina: Editorial Fondo de cultura economica.

[2] Ibid. Pag. 73

[3] Erasmo. (1511) “Elogio de la locura”. Buenos Aires, Argentina: Editorial Alianza.

Nota: Erasmo hace una oposicion entre la necedad (locura) innerente a los hombres y la Razon, la Sabiduria y la Prudencia. Distingue tambien la necedad (locura) de la manía y a su vez encuentra ciertas similitudes con esta última en cuanto a los aspectos ilusiorios de la vanidad, la juventud, el amor, etc.

[4] Citado por Jean Allouch en “Letra por letra”. 1984. Ed. Edelp.

[5] Jacques Lacan, encuentro con los alumnos de la Universidad de Vincennes. 1978. Este encuentro aparece en la revista “Ornicar”.

[6] Lacan, J. (1973) Seminario “Encore”. Versión critica de Ricardo Rodriguez Ponte.

[7] Lacan, J. (1964) Seminario 11 “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”. Buenos Aires, Argentina: Ed. Paidós.

[8] Aquí hago un parafraseo de un fragmento de la entrevista realizada a Lacan por la revista “Panorama” en 1974.

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