Danza Nuestra Señora de Guadalupe: Una herencia de tradición.

Cultura

Danza Nuestra Señora de Guadalupe: Una herencia de tradición.

Por Julio Alejandro Moreno Mejía

Cuando se acercan las fiestas el ambiente de la ciudad cambia. Se escuchan resonar los cielos entre cuetes y campanadas. Por las noches comienza una música de flauta de tono agudo que se repite y se repite, acompañada de pequeños tambores. Y de repente un paso firme y luego otro, y otro, y otro más hasta coordinarse con ese sonido, esa música.

Suenan unas sonajas, que son un trozo largo de madera tallada a mano. Unas con espejos, otras solo con sus trozos de metal. Entre risas, sudor y baile comienza la preparación para la danza de los sonajeros. Zapotlán está de fiesta y aquellos que llevan verde, blanco y rojo son los de Nuestra Señora de Guadalupe.

Ser sonajero en Ciudad Guzmán representa para muchos la devoción y la forma de agradecer a San José los favores recibidos. Para otros es la forma de orar al santo patrono en la renovación de su juramento. Y para otros es la herencia que vibra a través de las venas, la sangre del pasado indígena.

Osvaldo Castañeda de Cruz es jefe de la cuadrilla Nuestra Señora de Guadalupe desde hace tres años, después del fallecimiento de su padre y fundador Vicente Castañeda. Mantener el legado de su padre y continuar las tradiciones es lo que importa para que junto con su hermano y su madre sigan la labor de organizar la danza de los sonajeros.

La cuadrilla de sonajeros Nuestra Señora de Guadalupe fue fundada en 1999. En sus inicios fue solo un grupo de niños danzando entre la complicidad y el juego. Con el paso del tiempo se convirtió en la pasión de quienes la integran. Participaban el 12 de diciembre en el desfile de carros alegóricos de la virgen de Guadalupe, de ahí el nombre.

Vicente Castañeda, poco a poco fue ganando el cariño de las personas que lo rodeaban. Las personas lo ubicaban mucho por su organización y el trato personal. Siempre buscó que sus sonajeros estuvieran bien y es lo que hereda a sus hijos. Comenta Osvaldo: “después cuando fallece una persona te das cuenta, a lo mejor ya es tarde para valorarlo, ya es tarde. Te das cuenta que él avisaba personalmente a cada sonajero, personalmente, no tenía carro, no bici, él caminando.”

Existen 33 cuadrillas de sonajeros en Ciudad Guzmán. La primera cuadrilla de sonajeros fue la Josefina. Es la única juramentada que hizo para San José de danzar para el cuidado del pueblo. “Esa se funda en 1747 y ahí es donde mis bisabuelos son los que eran los jefes de cuadrilla, este y de ahí va pasando de generación pasa a unos tíos de ahí, y de ahí hacia mi abuelo Margarito, era pitero de la cuadrilla de la josefina”, platica Osvaldo.

La danza viene de Tuxpan, pero los zapotlenses la hicieron suya. Se distinguen en los sombreros y en la particularidad que cada sonajero le quiere da a su traje. Todos danzan a San José y en esta ocasión a la virgen de Guadalupe. Llevan consigo los colores de la bandera mexicana e imágenes de la virgen, visten de rojo y su sonaja tricolor destaca siempre entre las demás.

Osvaldo ya no es sonajero. Cambió su rol. Ahora él dirige todos, su responsabilidad cambió, pero el compromiso permanece. “Todavía extraño yo danzar, a mí me gusta danzar, pero por la necesidad de que mi papá falleció, pues me toco estar a cargo repito con mi hermano y con mi mamá, pero sí extraño, pero si preguntas cual es el proceso este no me adapto, vuelvo a lo mismo a lo mejor a extrañar a mi papá que esté con nosotros y yo danzar, entonces no asimilo estar fuera de danzar.”

Cada sonajero tiene su historia. Unos danzan por los favores recibidos durante el año, alguna manda o como oración. Osvaldo y su familia continúan por San José, por su padre Vicente y por sus tradiciones zapotlenses.

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